Mamatoco antes del pavimento: la última tienda de barro
Si caminas por la carrera 5ta de Mamatoco, entre el olor a fritanga y el ruido de los mototaxis, hay una esquina que parece detenida en 1950. No hay letrero de neón, ni fachada de concreto. Solo una pared de bahareque manchada por el tiempo, un mostrador de madera desgastado y una señora de 78 años que te sirve un café en pocillo de plástico mientras te cuenta cómo este barrio era puro monte, camino real y casas de barro. Es la Tienda de Doña Matilde, y es lo único que queda de la arquitectura original de Mamatoco. Este artículo es un mapa de lo que se fue, una denuncia de lo que se impone y una invitación a conocer ese rincón antes de que el pavimento se lo trague todo.
Origen del barrio como asentamiento indígena
Mamatoco no nació con los españoles. Mucho antes de que Rodrigo de Bastidas pisara la bahía, esta zona era un poblado de la etnia tairona, específicamente de la rama de los mamatocos, que controlaban las rutas comerciales entre la Sierra Nevada y el mar. El nombre del barrio viene del cacique Mamatoco, un líder indígena que resistió la conquista y cuyo nombre quedó grabado en la toponimia local. Hasta bien entrado el siglo XX, los habitantes de Mamatoco hablaban chimila y mantenían prácticas agrícolas heredadas de sus ancestros.
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Durante la colonia, el barrio fue un punto de paso obligado para quienes iban de Santa Marta a Ciénaga o a los pueblos de la Sierra. Las casas se construían con bahareque: una mezcla de barro, paja y guadua sobre un esqueleto de madera. Ese sistema, traído de África y adaptado por indígenas, mantenía las viviendas frescas incluso en el calor infernal de la costa. En 1950, Mamatoco tenía poco más de 200 casas, todas de bahareque, con techos de palma y patios donde se criaban gallinas y se sembraba yuca.
Hoy, de esas 200 casas, queda una. Literalmente una. El resto fue reemplazado por construcciones de bloque, cemento y ladrillo visto. La Tienda de Doña Matilde es el último testigo de esa arquitectura viva.
La transformación urbana de los últimos 20 años
Entre 2005 y 2025, Mamatoco vivió una explosión demográfica que ningún urbanista supo manejar. La construcción de la Troncal del Caribe y la expansión de la zona hotelera de El Rodadero empujaron a miles de personas a buscar vivienda en la periferia. Mamatoco, que antes era un pueblo separado de Santa Marta por potreros y manglares, se convirtió en un barrio más, conectado por la avenida del Ferrocarril.
El cambio fue brutal. Donde había caminos de tierra, pusieron asfalto. Donde había solares con árboles de mango, levantaron edificios de tres pisos sin ningún plan de ordenamiento. El acueducto llegó, pero las calles se inundan cada invierno porque el pavimento no deja filtrar el agua. Los lotes que antes valían 5 millones de pesos hoy se negocian en 200 millones. La presión inmobiliaria es tal que varias casas antiguas fueron demolidas en menos de una semana para construir bodegas, talleres y viviendas multifamiliares.
En julio de 2026, el paisaje de Mamatoco es un collage de contrastes: una tienda de barro junto a un local de Domino's Pizza, una iglesia evangélica en un segundo piso de concreto, y en la esquina de la carrera 3 con calle 12, la última fachada de bahareque que resiste. Los vecinos la llaman "la casa de la abuela", y muchos jóvenes ni siquiera saben que ese material fue el estándar del barrio hasta los años 80.
La única tienda que conserva la arquitectura original de bahareque
La Tienda de Doña Matilde está en la carrera 4 # 10-25, a media cuadra de la iglesia de San José de Mamatoco. La fachada es de bahareque enlucido con cal, con un techo de tejas de barro cocido que ya no se fabrican en la región. Adentro, el mostrador es una tabla de cedro de más de 60 años, con marcas de cuchillos y botellas. En las repisas de madera, hay latas de leche Klim, panela envuelta en hojas de bijao, velas, fósforos y jabón Rey. No hay nevera eléctrica: Doña Matilde conserva las gaseosas en una nevera de icopor con hielo que compra todas las mañanas en la fábrica de hielo del barrio.
La tienda no solo vende víveres. Es un archivo viviente. En las paredes cuelgan fotos de cuando Mamatoco era vereda, cuando el río Manzanares pasaba limpio y la gente se bañaba en sus pozos. Hay una foto en blanco y negro de 1947 donde se ve la antigua plaza del barrio, con un samán gigante que talaron en 1999 para construir la cancha de fútbol. También hay un diploma de la escuela pública de Mamatoco, fechado en 1953, que dice: "A Matilde Pinedo, por su dedicación al estudio".
Doña Matilde heredó la tienda de su madre, que la abrió en 1942. Ella misma nació en esa casa, en un cuarto que hoy usa como bodega. El bahareque original está intacto: se puede ver en las paredes internas, donde el barro se mezcla con fibra de coco y estiércol de caballo, una técnica que los constructores locales llaman "embarrado". Cuando llueve, el olor a tierra mojada impregna toda la tienda, y Doña Matilde dice que eso es "el perfume de Mamatoco".
Entrevista al dueño que se niega a vender
Doña Matilde Pinedo, 78 años, viuda, tres hijos, ocho nietos. Se sienta en una silla de plástico rojo detrás del mostrador, con un delantal floreado y un rosario en la mano. Mientras sirve un tinto a un vecino, habla sin filtro:
"A mí me ofrecieron 300 millones de pesos por esta casa. El año pasado vino un señor de una constructora de Barranquilla, con un abogado y todo. Me dijo que iban a hacer un edificio de apartamentos con vista a la Sierra. Le dije: 'Mire, joven, yo no necesito plata. Yo necesito que mis nietos sepan cómo vivíamos antes'. Él se rió, pero yo no me reí. Esta casa tiene la memoria de mi mamá, de mi papá, de mis tíos. Aquí murió mi abuela en 1965, en esa cama que está en el cuarto de atrás. ¿Cómo voy a vender eso?"
Los vecinos la apoyan. Don Carlos, el carnicero de la esquina, dice que "Doña Matilde es el alma del barrio". Pero la presión es constante. La constructora ya compró las dos casas vecinas, ambas de bahareque, y las demolió en 2024. En su lugar, levantaron un edificio de cinco pisos con fachada de vidrio y balcones minúsculos. La tienda de Doña Matilde ahora parece un muñeco en una vitrina de concreto.
Ella sabe que su casa no es patrimonio oficial. No está declarada Bien de Interés Cultural, ni hay ninguna ley que la proteja. El Instituto Distrital de Patrimonio de Santa Marta la visitó una vez, en 2018, pero nunca volvieron. "Me dijeron que iban a hacer un inventario, pero nada", dice Doña Matilde con resignación. Mientras tanto, ella sigue vendiendo panela, café y cigarrillos sueltos, y cada tarde, cuando cierra la puerta de madera, reza un avemaría para que la casa aguante un día más.
Contraste con las nuevas construcciones
A dos cuadras de la tienda, en la carrera 5 con calle 14, hay un conjunto residencial llamado "Portal de Mamatoco". Son 120 apartamentos de 45 metros cuadrados, con piscina, gimnasio y vigilancia 24 horas. El precio de entrada es de 180 millones de pesos. Las paredes son de drywall, los pisos de porcelanato y las ventanas de aluminio. No hay un solo ladrillo a la vista, ni una teja de barro, ni una ventana de madera. Los residentes pagan administración de 200 mil pesos mensuales y tienen prohibido colgar ropa en los balcones.
Este edificio representa lo que Mamatoco es hoy: un barrio que creció sin memoria. Las nuevas construcciones ignoran la topografía, el clima y la historia. Las casas de bahareque tenían aleros anchos para proteger las paredes del sol y la lluvia; los edificios nuevos tienen fachadas de vidrio que convierten las habitaciones en hornos. Las casas antiguas tenían patios interiores que ventilaban naturalmente; los apartamentos modernos dependen del aire acondicionado, que sube la factura de luz a 300 mil pesos mensuales.
El contraste es más evidente en la forma de socializar. En la Tienda de Doña Matilde, la gente se sienta en el andén a conversar, a tomar tinto, a ver pasar la vida. En el Portal de Mamatoco, los vecinos se saludan por el chat del edificio y bajan al parqueadero sin mirarse. El barrio de antes era ruidoso, comunitario, con olor a leña y a tierra. El barrio de ahora es silencioso, individualista, con olor a pintura fresca y a gasolina.
Qué hacer en Mamatoco (si te interesa la memoria)
Mamatoco no es un destino turístico. No hay restaurantes de moda, ni bares con cocteles de autor, ni galerías de arte. Lo que tiene es más valioso: capas de historia que puedes tocar con las manos.
Visitar la Tienda de Doña Matilde
Es el punto cero. Llega entre las 8:00 am y las 6:00 pm, de lunes a sábado. Compra un café (2.000 COP) o una gaseosa (3.000 COP) y pídele a Doña Matilde que te muestre la foto de su abuela. Si tienes suerte, te contará cómo era Mamatoco cuando no había carros, cuando el río bajaba cristalino y cuando las casas se construían con las manos.
Caminar la calle del Ferrocarril
Esta vía, que antes era la línea del tren que conectaba Santa Marta con Fundación, hoy es una calle pavimentada llena de talleres mecánicos y bodegas. Pero si te fijas bien, aún ves los durmientes de madera incrustados en el asfalto. Es un recordatorio de que Mamatoco fue un nodo de transporte antes de ser un barrio dormitorio.
Buscar vestigios de bahareque
Además de la tienda, hay dos o tres casas que aún conservan fragmentos de bahareque en las fachadas traseras. Están en la calle 11 entre carreras 3 y 4. No son fáciles de ver porque los dueños las han cubierto con láminas de zinc o cartón, pero si preguntas a los vecinos mayores, te señalarán dónde están. Es un ejercicio de arqueología urbana.
Ir a la iglesia de San José de Mamatoco
Esta iglesia, construida en 1920, es de estilo neogótico con influencia caribeña. Su fachada es de ladrillo visto, pero el interior conserva un altar de madera tallada y vitrales que representan a los santos patronos de los antiguos poblados taironas. La misa dominical es a las 10:00 am, y después, los feligreses se reúnen en la plazoleta a comprar arepas de queso y jugo de corozo.
Dónde comer o beber en Mamatoco
La oferta gastronómica de Mamatoco es modesta pero auténtica. No hay restaurantes con manteles ni cartas en inglés. Lo que hay es comida de calle y cocina casera.
Comedores populares
En la carrera 4 con calle 10, frente a la Tienda de Doña Matilde, hay un comedor que atiende doña Yolanda. Sirve almuerzos de lunes a viernes, de 12:00 pm a 3:00 pm, por 12.000 COP. Incluye sopa, seco (arroz, carne o pescado, ensalada, patacón) y jugo natural. El menú cambia según lo que haya en el mercado. Los jueves es típico el sancocho de pescado con yuca.
Fritanga de la esquina
En la calle 11 con carrera 5, hay un carrito de fritanga que abre de 5:00 pm a 10:00 pm. Venden arepas de huevo (4.000 COP), empanadas de carne (2.500 COP) y patacones con hogao (5.000 COP). El aceite es de palma, el sabor es intenso y la atención es rápida. No hay mesas, así que se come parado en la acera.
Jugos naturales
En la plazoleta de la iglesia, hay una señora que vende jugos de corozo, guanábana y tamarindo en bolsas plásticas, a 2.000 COP cada una. Son dulces, fríos y perfectos para el calor. Pregunta por la "juguera", como le dicen los locales.
Cómo llegar y transporte
Mamatoco está a 15 minutos en bus desde el centro de Santa Marta. La ruta más común es la del bus "Mamatoco - Centro", que pasa por la avenida del Ferrocarril y la carrera 1. El pasaje cuesta 2.500 COP (precio de referencia de julio de 2026). También puedes tomar un mototaxi desde el Mercado Público, que cobra entre 5.000 y 8.000 COP dependiendo del destino exacto.
Si vas en carro particular, desde el centro toma la avenida del Ferrocarril hacia el sur, pasa el puente del río Manzanares y sigue derecho hasta la calle 11. El parqueadero más cercano es un lote en la carrera 3 con calle 12, que cobra 5.000 COP la hora. No hay parqueadero vigilado, así que no dejes objetos de valor a la vista.
Para los que vienen de El Rodadero o Taganga, la opción más rápida es tomar un bus hasta el centro y luego transbordar a la ruta de Mamatoco. El trayecto total puede tomar 45 minutos en hora pico.
Tips locales
- Lleva efectivo. En la Tienda de Doña Matilde y en los comedores populares no aceptan tarjeta ni Nequi. Los cajeros automáticos más cercanos están en el centro comercial Buenavista, a 10 minutos en mototaxi.
- No vayas en hora de almuerzo. Entre 12:00 pm y 2:00 pm, las calles se llenan de trabajadores de la construcción y el tráfico de motos es insoportable. Mejor visita en la mañana (8:00 am - 10:00 am) o al final de la tarde (4:00 pm - 6:00 pm).
- Pregunta por los "viejos del barrio". Los señores que se sientan en las bancas de la plazoleta de la iglesia son una fuente oral de historia. Si les ofreces un tinto, te contarán cómo era Mamatoco antes de la pavimentación. Don Eusebio, de 82 años, es el más hablador.
- Respeta los horarios de la tienda. Doña Matilde cierra los domingos y feriados. Si llegas un domingo, no insistas. Ella descansa y va a misa. Puedes aprovechar para recorrer la iglesia y la plazoleta.
- No tomes fotos sin permiso. Especialmente dentro de la tienda. Doña Matilde es amable, pero no le gusta que le tomen fotos sin preguntar. Pregúntale primero y ella misma te indicará qué rincones puedes retratar.
- Compra algo en la tienda. Aunque sea un paquete de galletas. Doña Matilde vive de las ventas, y cada compra es un voto por la conservación del bahareque. Además, te ganarás su simpatía y te contará más historias.
Preguntas frecuentes
¿Por qué Mamatoco se llama así?
El nombre proviene del cacique tairona Mamatoco, que gobernaba esta zona antes de la llegada de los españoles. Según los cronistas, Mamatoco lideró una resistencia contra los conquistadores en 1526, y su nombre quedó asociado al poblado. Hoy, el barrio lleva su nombre como un homenaje a esa herencia indígena.
¿La Tienda de Doña Matilde está en riesgo de demolición?
Sí, aunque no hay una fecha concreta. La presión inmobiliaria es alta y la casa no tiene protección patrimonial oficial. Doña Matilde se niega a vender, pero sus hijos, que viven en Bogotá, han recibido ofertas de compra. Si ella fallece o se enferma, la tienda podría desaparecer en cuestión de meses. Por eso es importante visitarla ahora.
¿Hay algún tour organizado para conocer Mamatoco?
No hay un tour formal, pero algunos guías locales de Santa Marta ofrecen recorridos a pie por barrios históricos. Pregunta en la oficina de turismo del centro (Calle 14 # 2-49) si tienen algún guía que conozca Mamatoco. También puedes contactar a la Fundación Memoria Samaria, que organiza caminatas esporádicas. La mejor opción, sin embargo, es ir por tu cuenta y hablar con los vecinos.
Introducción histórica o contextual
Mamatoco es un barrio con una rica historia que se remonta a la época precolombina, habitado inicialmente por la comunidad indígena de los tayronas. Este lugar se ha transformado a lo largo de los años, pero aún conserva vestigios de su pasado, especialmente en su arquitectura y en las tradiciones locales. La tienda de barro que mencionas es un símbolo de la resistencia cultural y del legado artesanal que se ha mantenido a través de las generaciones.
La carrera 5ta, donde se ubica esta tienda, es testigo del ajetreo diario de los habitantes de Mamatoco. Aquí, el ambiente se mezcla con el sonido de los mototaxis y el aroma de la fritanga, ofreciendo una experiencia sensorial única. Este rincón puede parecer ajeno a la modernidad, pero en realidad, es un espacio donde se entrelazan historias, sabores y la autenticidad de la vida cotidiana.
Visitar Mamatoco no solo es un viaje en el tiempo, sino también una oportunidad para conectar con los artesanos locales y conocer de primera mano sus técnicas y tradiciones. Es un lugar donde la herencia cultural sigue viva, a pesar de los cambios que trae el desarrollo urbano.
