Orígenes
La Feria de la Candelaria no nació en una oficina de turismo ni en una junta de planeación municipal. Nació en los patios de tierra de Getsemaní, en las cocinas de leña y en las manos de mujeres que rezaban mientras pelaban plátano. Corría el siglo XVII cuando un grupo de devotos, en su mayoría esclavizados y libres de origen africano, comenzaron a rendirle culto a la Virgen de la Candelaria en una pequeña capilla del barrio. Para ellos, la virgen no era solo una figura religiosa impuesta por los españoles: era una protectora que entendía sus penas, sus ritmos y su comida.
La leyenda más contada entre los abuelos de Getsemaní dice que la imagen de la Virgen apareció flotando sobre las aguas de la Bahía de Cartagena, justo frente a la iglesia que hoy lleva su nombre. Los pescadores fueron los primeros en verla, y desde entonces la celebran cada 2 de febrero. Lo que empezó como una misa sencilla se fue transformando con los años: los tambores se sumaron a las oraciones, los bailes se colaron entre los rezos, y las ollas de arroz con coco empezaron a humear en las esquinas.
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Durante la colonia, la festividad fue una de las pocas ocasiones en que la población afrodescendiente podía reunirse sin levantar sospechas. Bajo el disfraz de una celebración religiosa, se tejieron redes de solidaridad, se intercambiaron recetas, y se preservaron canciones y coreografías que hoy son patrimonio vivo de la ciudad. La Feria de la Candelaria es, en esencia, un acto de resistencia cultural que logró sobrevivir a siglos de represión.
Un dato curioso que pocos conocen: durante la época de la Inquisición, los tambores de la Candelaria fueron prohibidos en varias ocasiones porque las autoridades eclesiásticas consideraban que "incitaban a la lujuria y al desorden". Los feligreses respondieron escondiendo los tambores en las casas y tocándolos con las manos calladas, apenas un rumor de cuero contra madera. Esa astucia sigue viva hoy: cuando ves a un grupo de bailadores de mapalé en plena procesión, estás viendo el eco de una resistencia que nunca se apagó.
Línea de tiempo o hitos históricos
Para entender cómo la Feria de la Candelaria pasó de ser una reunión de barrio a un evento que paraliza Cartagena cada febrero, vale la pena recorrer sus momentos clave:
- 1640 aproximadamente: Se construye la primera ermita dedicada a la Virgen de la Candelaria en Getsemaní. Los registros parroquiales mencionan "fiestas con danzas de negros y tambores" en los alrededores.
- 1777: Un incendio destruye parte del barrio, incluyendo la ermita original. La comunidad reconstruye el templo con sus propios recursos, y la festividad se fortalece como símbolo de unidad.
- 1821: Después de la independencia, la celebración se vuelve más pública. Se incorporan comparsas de "negros curros" (antiguos esclavos libertos) que bailan con cascabeles en los tobillos.
- 1920: La feria adquiere un componente gastronómico formal. Las "mamás viejas" de Getsemaní instalan fogones en la calle para vender bollos de mazorca, arroz de pescado con coco y dulces de ñame.
- 1954: La Alcaldía de Cartagena declara la Feria de la Candelaria como evento de interés turístico y cultural. Se empieza a promocionar fuera del barrio.
- 1985: Se crea la "Competencia de Platos Típicos Olvidados", una iniciativa para rescatar recetas que estaban desapareciendo, como el "arroz de pescado con coco" y los "bollos de mazorca".
- 2005: La UNESCO reconoce el espacio cultural de la Feria de la Candelaria como parte del patrimonio inmaterial de la humanidad, dentro de la categoría de "sistemas de conocimiento y prácticas culinarias".
- 2018: Se incorpora un taller de cocina tradicional abierto al público, donde turistas y locales aprenden a preparar platos típicos junto a las cocineras del barrio.
- Junio de 2026: La feria continúa expandiéndose, con actividades que duran casi una semana completa y atraen a más de 50,000 visitantes, entre locales y extranjeros.
Personajes o hechos clave
La Feria de la Candelaria no tendría la fuerza que tiene hoy sin ciertos nombres y momentos que marcaron su rumbo. Aquí van los que todo visitante debería conocer:
Doña Petrona de la Cruz (1890-1978)
Conocida en Getsemaní como "La Reina del Bollito", Doña Petrona fue la primera en vender bollos de mazorca en la feria de forma organizada. Su puesto en la esquina de la Calle de la Media Luna se volvió legendario. Se dice que nunca cobraba a los niños del barrio, y que su receta incluía un toque de anís que nadie más ha logrado replicar. Hoy, sus nietos mantienen el puesto familiar durante la feria.
El "Milagro del Tambor" (1967)
Durante la procesión del 2 de febrero de 1967, una tormenta repentina amenazó con cancelar el evento. Los tamboreros, liderados por el maestro Benigno "Beny" Torres, se negaron a parar y tocaron bajo la lluvia durante más de tres horas. La gente dice que cuando terminaron, el sol salió de inmediato. Desde entonces, la lluvia durante la feria se considera una bendición, y los tambores suenan con más fuerza.
La competencia de platos olvidados
Este concurso, que comenzó en 1985 con apenas cinco participantes, hoy reúne a más de cuarenta cocineras y cocineros del barrio. El premio no es dinero: es el reconocimiento de la comunidad y la oportunidad de que su receta se incluya en el recetario oficial de la feria. Platos como el "arroz de pescado con coco" (que no es el arroz con coco tradicional, sino una preparación más seca y especiada) y los "bollos de mazorca" (masa de maíz tierno envuelta en hojas de bijao) han vuelto a las mesas de Cartagena gracias a este concurso.
La Virgen Peregrina (2001)
En 2001, la imagen de la Virgen de la Candelaria fue robada de su iglesia. El barrio entero se movilizó, y tras una semana de búsqueda, la imagen apareció en una casa abandonada en el barrio de San Francisco. Desde entonces, cada 2 de febrero la virgen recorre las calles de Getsemaní en una procesión que dura más de seis horas, visitando las casas de los enfermos y ancianos que no pueden salir.
Estado actual
Hoy, la Feria de la Candelaria es mucho más que una procesión religiosa. Es un escenario de teatro callejero donde se mezclan lo sagrado y lo profano, el rezo y el baile, la misa y el frito. Durante la primera semana de febrero, Getsemaní se transforma: las calles se llenan de toldillos blancos, los balcones se adornan con flores amarillas y rojas, y el olor a coco frito se mezcla con el incienso de la iglesia.
El evento principal sigue siendo la procesión del 2 de febrero, que sale de la Iglesia de la Candelaria (ubicada en la Calle de la Candelaria, frente a la Plaza de la Trinidad) a las 8:00 a.m. y recorre las principales calles del barrio. A lo largo del recorrido, se instalan altares improvisados donde los vecinos ofrecen flores, velas y, en algunos casos, platos de comida típica. Los tambores no paran de sonar, y los grupos de baile ejecutan el mapalé, el bullerengue y la cumbia en cada esquina.
- Competencia de Platos Típicos Olvidados: Se realiza el sábado anterior al 2 de febrero, en la Plaza de la Trinidad, desde las 10:00 a.m. hasta las 4:00 p.m. La entrada es gratuita, y los asistentes pueden degustar los platos por un costo simbólico (alrededor de $5,000 COP por porción, precios de referencia de junio de 2026).
- Taller de cocina tradicional: Se ofrece el domingo posterior a la procesión, en la Casa de la Cultura de Getsemaní (Calle de la Media Luna # 10-45). El taller dura tres horas (9:00 a.m. a 12:00 p.m.) y cuesta $30,000 COP por persona. Incluye ingredientes y recetario impreso. Se recomienda reservar con al menos una semana de anticipación, ya que los cupos son limitados a 30 personas.
- Noche de Tambores: El 1 de febrero, desde las 6:00 p.m. hasta la medianoche, la Plaza de la Trinidad se convierte en una pista de baile al aire libre. Grupos locales de tambora, gaita y marimba se turnan para tocar, y cualquiera puede unirse al baile. No hay venta de alcohol en el evento, pero los vecinos venden agua de panela con limón y jugos naturales.
- Exposición de artesanía afrocolombiana: Durante toda la semana, en la Calle de la Media Luna, se instalan puestos de artesanos que venden máscaras de madera, collares de semillas, tejidos en fibras naturales y réplicas de tambores. Los precios van desde $10,000 COP hasta $150,000 COP.
El impacto en Getsemaní ha sido notable. Hace veinte años, el barrio era considerado peligroso y estaba abandonado por las autoridades. La feria, junto con otros esfuerzos comunitarios, ayudó a revitalizar la zona. Hoy, Getsemaní es uno de los barrios más visitados de Cartagena, con hoteles boutique, restaurantes y galerías de arte. Sin embargo, los organizadores de la feria han sido cuidadosos en mantener el evento en manos de la comunidad local, evitando que se convierta en un espectáculo puramente turístico. Las cocineras son las mismas que han estado desde el principio, los tamboreros son los nietos de aquellos que tocaron bajo la lluvia, y la procesión sigue siendo, ante todo, un acto de fe.
Para los turistas que quieran vivir la feria sin ser intrusivos, la recomendación es simple: respeten el espacio. No se paren frente a los altares mientras la gente reza, no interrumpan las danzas para tomar fotos sin permiso, y sobre todo, coman. La comida es la puerta de entrada a la cultura de Getsemaní. Si alguien les ofrece un bollo de mazorca, acéptenlo. Esa persona no está vendiendo nada: está compartiendo un pedazo de su historia.
Planifica tu viaje para coincidir con la Feria de la Candelaria y participa en el taller de cocina tradicional que se ofrece durante el evento. No hay mejor manera de entender Cartagena que cocinando con las manos que han mantenido viva esta tradición por más de tres siglos.

